Contrario al mito que ha hecho carrera, datos de la policía metropolitana de Cartagena revelan que los inmigrantes venezolanos no representan una amenaza para la seguridad de la ciudad. Diferente a la percepción de los cartageneros, la incidencia en la criminalidad del vecino país, es de menos del 1%.
Desde el 2013, año en el que Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela, una oleada de ciudadanos de ese país emigró al resto de naciones suramericanas. Esto, con el fin de encontrar la libertad y el bienestar del cual carecían en una Venezuela que daba señales de su ya deplorable situación actual.
A pesar de que Cartagena es una ciudad económicamente importante del país, no es un destino muy apetecido por los migrantes, a diferencia de Bogotá o Cúcuta. Sin embargo la percepción del cartagenero es contraria, y además, ha generado el mito de que los venezolanos vienen a la ciudad a delinquir.
Estudios realizados por la policía y diferentes organizaciones evidencian que en Colombia no todos los delitos son denunciados por los ciudadanos -sin embargo, estos datos son el indicador por el cual el país se mueve para poder entender su nivel de inseguridad-. Por lo tanto, se debe aclarar que estas cifras son solamente una parte del retrato de la criminalidad.
La información es la siguiente:
Estudios realizados por la policía y diferentes organizaciones evidencian que en Colombia no todos los delitos son denunciados por los ciudadanos -sin embargo, estos datos son el indicador por el cual el país se mueve para poder entender su nivel de inseguridad-. Por lo tanto, se debe aclarar que estas cifras son solamente una parte del retrato de la criminalidad.
La información es la siguiente:
La anterior gráfica demuestra, apoyada en datos de la policía metropolitana de Cartagena, que desde 2013 hasta octubre del 2018, solo tres ciudadanos venezolanos han sido capturados por cometer algún delito en la ciudad. Estos casos representan apenas un 0,3% del total de capturas que se han realizado en la Heroica, prácticamente nada.
Aquella cifra, mínima de por sí, es aun menos si se pone en contexto con la cantidad de venezolanos que han ingresado al departamento desde 2013, este número asciende a 63,740 migrantes, según datos de Migración Colombia.
Como lo demuestran los datos, la realidad es totalmente diferente al mito. Precisando las causas reales del problema de inseguridad en Cartagena, nos encontramos con que los homicidios en la ciudad son en 3 de cada 5 casos debido a violencia interpersonal, en otras palabras, es la intolerancia la que está matando a los cartageneros. Esto según datos de Medicina Legal y la Alcaldía de Cartagena.
Así mismo, los hurtos se deben al aumento paulatino de la pobreza en la ciudad.
Las cifras anteriormente mostradas comprueban que es falso que los venezolanos agudicen el problema de inseguridad en Cartagena, además, evidencian un caso grave de xenofobia.
Atenea Pirele es una joven venezolana que lleva casi un año viviendo y trabajando en Cartagena, actualmente tiene un cargo en La Mulata y a pesar de que no ha sido directamente discriminada por los habitantes de la ciudad, sí ha sido testigo de comentarios y estigmas que tienen los cartageneros contra ella y sus compatriotas.
"He escuchado muchas cosas desde que estoy aquí, tanto en la calle como en el transporte público, dicen que los venezolanos venimos aquí a robar, que la mayoría somos malandros, a quitarles el trabajo, que las venezolanas (venecas) vienen a quitarle el marido a las colombianas, cosas así. También alguna que otra cosa en mi anterior trabajo.
Otros conocidos míos tienen más problemas, que apenas dicen de dónde son no les dan el trabajo, aunque a veces se da lo contrario, que sí nos dan un puesto. Supongo que es como en cualquier país que ocurra algo así, lo hacen para ahorrar. Es cierto que muchos negocios contratan venezolanos pero es porque salimos baratos: los seguros, las primas, a nosotros no nos dan nada de eso, en cambio a un colombiano sí hay que pagarle eso por ley. Creo que es ahí donde nace la indignación, discriminación y demás.
Lamentablemente como el tema de los papeles es complicado, uno no se puede quejar de que si pagan muy poco en el trabajo porque lo más probable es que termine despedido o deportado por no tener los documentos en regla, y eso es mucho peor".
Pese a estas estadísticas, las cuales no apuntan a que los venezolanos son los principales protagonistas de la violencia en la ciudad, las personas continúan cargando sus prejuicios en contra de ellos. Un problema más, que no es fácil de solventar a mediano plazo, en el Corralito de Piedra.
Atenea Pirele es una joven venezolana que lleva casi un año viviendo y trabajando en Cartagena, actualmente tiene un cargo en La Mulata y a pesar de que no ha sido directamente discriminada por los habitantes de la ciudad, sí ha sido testigo de comentarios y estigmas que tienen los cartageneros contra ella y sus compatriotas.
"He escuchado muchas cosas desde que estoy aquí, tanto en la calle como en el transporte público, dicen que los venezolanos venimos aquí a robar, que la mayoría somos malandros, a quitarles el trabajo, que las venezolanas (venecas) vienen a quitarle el marido a las colombianas, cosas así. También alguna que otra cosa en mi anterior trabajo.
Otros conocidos míos tienen más problemas, que apenas dicen de dónde son no les dan el trabajo, aunque a veces se da lo contrario, que sí nos dan un puesto. Supongo que es como en cualquier país que ocurra algo así, lo hacen para ahorrar. Es cierto que muchos negocios contratan venezolanos pero es porque salimos baratos: los seguros, las primas, a nosotros no nos dan nada de eso, en cambio a un colombiano sí hay que pagarle eso por ley. Creo que es ahí donde nace la indignación, discriminación y demás.
Lamentablemente como el tema de los papeles es complicado, uno no se puede quejar de que si pagan muy poco en el trabajo porque lo más probable es que termine despedido o deportado por no tener los documentos en regla, y eso es mucho peor".
Pese a estas estadísticas, las cuales no apuntan a que los venezolanos son los principales protagonistas de la violencia en la ciudad, las personas continúan cargando sus prejuicios en contra de ellos. Un problema más, que no es fácil de solventar a mediano plazo, en el Corralito de Piedra.
Duvan Alvarez D.
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